Wilmer Ruperti


Abejas Meliponas: aún sin aguijón saben defenderse

Abejas Meliponas

Las abejas sin aguijón son una subfamilia de la familia Apidae, del Orden Hymenoptera de los insectos (Roubik 1989). Los himenópteros son insectos con cuatro alas membranosas, con partes bucales mandibuladas que forman una estructura en forma de lengua, a través de la cual el alimento líquido es tomado. En algunos casos, el ovipositor en las hembras está modificado en aguijón, el cual funciona como órgano de defensa y ofensa. La subfamilia de las meliponas se diferencia del resto de los miembros de Apidae por su venación reducida en las alas anteriores, aguijón atrofiado o no funcional y los ojos compuestos sin pilosidad (Borror 1989). Son reconocidas por su pequeño tamaño (la mayoría entre 15 mm de largo), relativa ausencia de pelo, y abdomen no puntiagudo. La venación de las alas es única, con la celda marginal del ala delantera abierta en el ángulo (Hogue 1993).

La subfamilia Meliponinae se originó probablemente en Africa (Willie 1979, citado por Roubik 1989) durante el período Cretácico medio (120 millones de años). Actualmente se encuentran en Australia y Nueva Zelanda, Africa, Sur este de Asia y Sur América. Kerr y Maule (1964, citados por Ramírez y Ortíz 1995) reportan 183 especies de abejas sin aguijón en el trópico del Nuevo Mundo, 32 en Africa, 42 en Asia y 20 en Australia y Nueva Guinea. Sin embargo se cree que esta cantidad ha aumentado y actualmente se conocen más de 500 especies distribuías en las zonas tropicales del mundo; de esta cantidad, la mayoría se encuentra distribuida en la zona tropical americana (Ramírez y Ortíz 1995). En los Neotrópicos centrales, se distribuyen especialmente en ambientes húmedos de tierras bajas. Están ausentes de los valles de los Andes, desiertos costeros, las Antillas excepto las islas mayores y aquellas cerca del continente (Hogue 1993).

Las abejas sin aguijón se reconocen por sus hábitos molestos cuando se les excita y sus asociaciones con sus nidos, los cuales están siempre densamente poblados, agresivamente defendidos, y de construcción única. Muchos están localizados en cavidades naturales, usualmente en el suelo o en troncos de árboles pero a menudo en sitios raros como esqueletos de mamíferos o aves, nidos de termitas u hormigas. El arreglo particular de elementos estructurales varía, pero los nidos siempre contienen celdas de cría en un grupo (género Trigona) o estratificados en panales horizontales (género Melipona), rodeados por una envoltura en capas, con los potes de miel y polen localizados fuera de la envoltura, y el canal de entrada encerado que a menudo se extiende fuera del nido es un tubo que se proyecta libremente. El complejo entero está amurallado por placas terminales fuertes o una cobertura exterior llamada batumen. Muchas clases de materiales de construcción se utilizan, primariamente cera, usualmente mezclada con otros materiales como propoleo, resina de plantas y/o goma colectada por las abejas. Mezclado con cera (cerumen), ésta es la sustancia de las celdas de cría. Lodo, heces, fibras de plantas, y fragmentos de hojas también se usan para fabricar el nido. Las provisiones larvales de algunas especies son conocidas por soportar la rica flora bacteriana que debe jugar un rol fundamental en la preservación y conversión metabólica de estas sustancias. (Hogue 1993).

Este tipo de nidos es el más elaborado de todas las abejas sociales nativas del Nuevo Mundo e identifica a las abejas sin aguijón como un grupo, así como su método de defensa en ausencia de aguijón. El órgano picador es vestigial y no tiene uso en ocasionar lesiones a enemigos mayores, pero estas abejas no son impotentes. En grupos, ellas se lanzan sobre aquellos que amenazan el nido, introduciéndose en los nostriles, oidos, pelo, y ojos. Aunque la mayoría emplea sólo las mandíbulas para pinchar, algunas depositan un fluido caustico originado en las glándulas de las bases de las mandíbulas. Muchos de los nombres nativos de estas abejas se refieren a su beligerancia y potencia (por ejemplo, cagafogos ó escupefuegos, torcecabellos). (Hogue 1993)

Por: Wilmer Ruperti

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